Anomalías. Eltono

"De la calle a la ciudad"

Las primeras obras que vi de Eltono fueron una serie de intervenciones callejeras en las calles de Madrid. Nunca he sido especialmente adicto, lo confieso, al arte del graffiti, pero en este caso esas señales que alguien sin nombre iba dejando sobre las paredes en el paisaje urbano, eran totalmente distintas, poseían un sentido cromático y constructivo totalmente otro. Pequeñas joyas urbanas, pequeños sueños de orden en medio del caos urbano. El hecho de que algunas de esas señales fueran, no sobre paredes, sino sobre puertas, resultaba tentador para un coleccionista compulsivo. Sin embargo, refrené ese instinto coleccionista. Pasó algún tiempo, y de repente resultó que tuve noticias de quién era el autor de esas señales, y supe su nombre, que no era un nombre, sino una máscara, Eltono. Supe que no era madrileño, sino francés, y nacido en la banlieue de París, y que tenía un pasado puramente graffitista, como Otone, y que aquí es donde se había convertido en Eltono, y se había geometrizado su arte. Todas estas noticias me llegaron vía familiar, por Miguel Bonet y Alfredo Poves, los co-directores de Plástico, inolvidable revista-caja en uno de cuyos números Eltono colaboró con un precioso recortable de cartón.

Hoy ya conozco a Eltono. Lo he expuesto en el Instituto Cervantes de París, donde de sus derivas urbanas, por algún lado reminiscentes de las de los situacionistas, fueron testigos los adormilados habitantes de los distritos VIII y XVI, los apresurados ejecutivos y diplomáticos que en ellos laboran, y los muchos turistas que acuden a esa zona de la Rive Droite. De aquellos inicios a comienzos de la década pasada, a estos finales de los años diez, Eltono ha desplegado una impresionante actividad, tanto en el terreno callejero, el de sus orígenes, como en el galerístico. Quien se asome a su web, va a descubrir un proyecto extremadamente coherente y bien articulado, y unos resultados de gran interés plástico, que lo convierten ya en uno de los más interesantes (e inesperados) de la tradición geométrica del siglo que nos resistimos a llamar pasado. Hoy Eltono vive en el Sud-Ouest, pero ha trabajado incansablemente en varias ciudades españolas, en varias de su país natal, en Bélgica, en Holanda, en Gran Bretaña, en Irlanda, en Alemania, en Italia, en Suecia, en Polonia, en Rusia, en Georgia, en China –vivió cuatro años en Pekín-, en Japón, en Vietnam, en Camboya (en cuya capital ha pintado un mural en la embajada francesa), en los Estados Unidos, en Perú, en México, en Argentina, en Brasil… Algunos de sus proyectos son efímeros, dentro de la tradición de los "Wall Drawings" de Sol LeWitt. Otros en cambio están destinados a permanecer. Es realmente impresionante el listado de sus realizaciones. Por el lado institucional, Eltono ha intervenido en escenarios como la Fundación Miró de Barcelona, el Matadero de Madrid, el EACC de Castellón de la Plana, ARTIUM de Vitoria, el Ministerio de Cultura francés, la Escuela de Bellas Artes de Rio de Janeiro, y nada menos que la Tate Modern de Londres.

Me gusta enormemente el trabajo de Eltono, visualmente impactante, con una alegría y un sentimiento energético como a lo Léger o a lo Calder. No sólo me gusta el resultado, también me gusta, me interesa, el proceso de trabajo. Es espectacular por ejemplo lo que consiguió hacer en la localidad murciana de Puerto Lumbreras, en 2009. Es digna de todo elogio la dimensión social que asoma en su trabajo del mismo año en la favela Gardênia Azul de Rio, en colaboración con Nuria Mora.

Con una genealogía que hunde sus raíces en el terruño graffitista y callejero, Eltono encuentra, insisto sobre ello, acentos que lo aproximan a las poéticas constructivas. Las renueva profundamente, las híbrida con lo popular. Es significativo que a veces, en los reportajes que publica en su web, incluya alguna foto de lo que podríamos llamar “oeuvres trouvées”, por ejemplo ese edificio pintado con rayas rojas y azules que contempló desde el autobús que le conducía de Guarulhos al centro de Sâo Paulo, y cuya foto, hecha sobre la marcha, incorpora a su archivo de fuentes de inspiración.

Como ya sucediera en el Cervantes de París, la obra que Eltono enseña ahora en Valencia, en esta exposición en Set Espai d’Art, que ha titulado "Anomalías", y que cuenta con el apoyo del Instituto Francés de la ciudad (el de Madrid ya apoyó en su día su espectacular intervención en la esquina de las céntricas calles de Espoz y Mina, y de la Cruz), esa obra es fruto de una deriva urbana. Paseando con varias esculturas en forma de aro imperfecto que ha fabricado para la ocasión y que son resultado de su mapear las zonas de la ciudad por él elegidas, ha querido dejar, como siempre, que la calle le salga al paso e intervenga en su proceso de creación. Rodando, el aro va incorporando la trama urbana. La cosa me recuerda un poco lo de Julio Cortázar, cuando tomaba al azar el metro de la capital francesa, y salía en una estación cualquiera, y abría bien los ojos. Ya metido en su flânerie valenciana, me escribía hace unos días el artista en un correo electrónico: “He estado paseando esculturas toda la mañana, es una experiencia muy interesante a muchos niveles, visual, sonoro…” Paseando esculturas, como otros pasean perros. En su caso, ante la mirada, unas veces cómplice, y otros atónita, de los transeúntes, de ahí lo de "Anomalías". Además de los aros “en el estado en que los haya dejado el paseo”, en la galería también muestra dibujos abstractos y automáticos a rotulador en los que ha intervenido un factor ajeno a su mano: el traqueteo del autobús urbano donde los ha realizado. El mismo dibujo, siempre repetido, y siempre distinto, debido a la intromisión de la ciudad, en este caso vía sus autobuses. Si otro argentino, Oliverio Girondo, escribió "Veinte poemas para ser leídos en el tranvía", Eltono propone “dibujos para ser hechos en el autobús”. En este caso le estimula no estar dibujando cómodamente en la soledad de su taller, sino precisamente el estar incómodo. Por último, enseña una serie de piedras pintadas, a las que ha ido dando patadas por las calles de Valencia. Vuelvo a darle la palabra: “El gesto en sí, dar patadas a una piedra, siempre me ha gustado, tiene una connotación de descontento, de rabia o de aburrimiento, es muy flâneur, me gusta la idea de llevarlo al extremo”.

Hijo, como tantos de su generación, de la calle, Eltono a la vista está que sigue en ella, sigue paseándola, sigue paseando por ella sus piezas, sigue reflexionando sobre unas ciudades que por lo demás con sus obras de mayor formato, transforma decisivamente, haciéndolas más bellas y por lo tanto más habitables.

JUAN MANUEL BONET

Del 15 de septiembre al 11 de noviembre



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